Muere el ex presidente israelí Shimon Peres, un adelantado a su tiempo

Ha muerto Shimon Peres. El que fuera presidente de Israel y premio Nobel ha fallecido a los 93 años después de que hace dos semanas sufriera un derrame cerebral , según han detallado desde el Hospital Shiva, de la localidad de Tel Hashomer, donde permanecía ingresado. En las últimas horas su situación había empeorado considerablemente, según el servicio de noticias Ynet, hasta que finalmente nada han podido hacer para mantenerlo con vida.

Tras una primera recaída el martes a primera hora de la tarde, durante la madrugada sus signos vitales fallaron después de haber sido desconectado de toda asistencia para no alargarle la vida artificialmente.

“El pueblo de Israel y en la diáspora se despide con dolor y amor de un líder”, afirmó el jefe del Partido Laborista, Isaac Herzog, en la primera reacción al fallecimiento de su correligionario. Por su parte, el titular de Educación, el derechista Nafatalí Bennet, manifestó que Shimon Peres “escribió la historia con sus propias manos”.

Nueve horas antes de que Shimon Peres, el israelí más famoso del mundo, fuera hospitalizado tras sufrir una grave hemorragia cerebral, llamé a sus asesores para entregarle un mensaje del papa Francisco, que me recibió hace pocos días en el Vaticano. Peres contestó personalmente: “Me alegro que el Papa piense en llevar a cabo una nueva plegaria por la paz para Oriente Medio. Tenemos que reunir jóvenes refugiados sirios; niñas yazidíes perseguidas y explotadas por el Estado Islámico (EI); niños israelíes y palestinos que han sufrido los resultados de la guerra; y otros jóvenes de todo Oriente Medio que nosotros, en el Centro Peres por la Paz, llevamos tiempo conectando vía Facebook. Ellos tienen que hacer el cambio. Por favor, transmitírselo a mi querido papa Francisco”.

Peres sufrió la hemorragia cerebral el 13 de septiembre, el mismo día en que se firmaron los acuerdos de Oslo con los palestinos que él mismo impulsó en 1993. Entonces él ya hablaba del “nuevo Oriente Medio” y estaba convencido que los radicales a la larga serían vencidos y habría paz en la región.

Dos semanas antes de su hospitalización, nos reunimos con Peres en su Centro en Jaffa, una población al sur de Tel Aviv en la que viven tanto árabes como judíos, y dijo que le gustaría formar parte de una campaña internacional que, según él, es esencial para poner fin al sufrimiento del pueblo yazidí a manos de EI en el norte de Iraq y en Siria. También aquí insistió en la necesidad de movilizar personalidades internacionales pero sobre todo jóvenes yazidíes y de otras minorías perseguidas por EI.

Hace pocos días el veterano líder israelí, el último de los dirigentes de la independencia del país en 1948 y premio Nobel de la paz, fue operado para colocarle un marcapasos en el corazón. Shimon Peres prefirió que no le durmieran y durante toda la intervención habló con los médicos sobre el futuro de la ciencia, la medicina y la nanotecnología, un tema que dominaba profundamente.

Cuando le felicité por haberse recuperado, mientras éste pedía a los médicos poder volver lo antes posible al trabajo ya que se aburría, Peres me contestó: “Un hombre permanece joven mientras la lista de sus sueños es más larga que la lista de sus logros”.

Peres, que cumplió durante décadas casi todos los cargos del gobierno de Israel pasando por primer ministro, fue nombrado noveno presidente de Israel en el año 2007. Se mantuvo en el cargo hasta 2014. Es el único líder de Israel del siglo XXI que dice con toda normalidad: “Ben Gurión me dijo en los años cincuenta…”, “De Gaulle me comentó en los años sesenta…” y “Recuerdo que tras la victoria electoral de Kennedy, subí en el ascensor con el primer ministro Ben Gurión y el recién nombrado presidente estadounidense y escuché su conversación”.

Peres nació en Polonia en 1923 y emigró a Palestina con su familia en 1935, donde ingresó en el colegio agrícola Ben Shemen. Ahí conoció a la mujer de su vida, Sonia, con la que estuvo casado durante décadas.

Su carrera empezó cuando, a los 26 años, el líder fundador de Israel, David ben Gurión, le propuso llevarle en su coche a Jerusalén. Ben Gurión descubrió la capacidad fuera de serie de Peres y le convirtió en el director general del ministerio de Defensa más joven de la historia. A lo largo de los años, Peres ingenió la construcción de la central nuclear de Dimona en el desierto del Négev, que él mismo definía como “el seguro de vida de Israel”, transformándose así en el arquitecto del poder nuclear israelí, tema del que siempre hablaba con gran cuidado.

Dentro del partido laborista al que pertenecía, Peres tuvo durante años una enorme rivalidad política con Yitzhak Rabin, el ex primer ministro que sería asesinado el 4 de noviembre de 1995. Sin embargo, ambos unieron fuerzas para defender la política de paz y hacer frente al terrorismo islámico y a la derecha israelí. Sus esfuerzos culminaron en los acuerdos de Oslo, por los que ambos, junto al entonces presidente palestino Yasser Arafat, recibieron el premio Nobel de la Paz en 1994.

Tras el asesinato de Rabin a manos de un extremista, Yigal Amir, Peres fue nombrado primer ministro y ministro de Defensa hasta 1996, cuando el conservador Benjamin Netanyahu le derrotó inesperadamente en las elecciones generales.

En 2003, una serie de personalidades internacionales, jefes de Estado, reyes, ministros y, especialmente, intelectuales se reunieron en Tel Aviv para celebrar su octogésimo cumpleaños.

Cuando con 84 años fue nombrado presidente de Israel, su mujer, Sonia, se negó a acompañarle a la residencia presidencial en Jerusalén y abandonar su modesta casa familiar del barrio de Neve Avivim en el norte de Tel Aviv.

“Tienes 84 años, es hora de jubilarse”, le dijo Sonia. Pero Peres, un hombre incansable, contestó que no podía dejar de luchar por sus ideales y la paz en Israel. Cuando, hace cinco años, Sonia falleció, prefirió ser enterrada en Neve Avivim y no en el monte Herzl, donde están sepultadas las grandes personalidades del país, tal como le correspondía. Peres dijo entonces con la voz rota por

la emoción: “Me enamoré de Sonia a primera vista en la escuela de Ben Shemen y nunca nos separamos”.

Sin embargo, Shimon Peres nunca abandonó el infatigable entusiasmo que le costó el amor de su vida: “Cuando miro la fecha de nacimiento escrita en mi carnet de identidad y la comparo con cómo me siento y lo que hago, intuyo una tipo de contradicción. Me parece que cuanto más ocupado estás y más desafíos tienes ante ti, más joven te sientes. Y como bien saben, aquí nunca faltan desafíos”.

A lo largo de toda su carrera, Peres siempre se preocupó por reunirse con líderes árabes en secreto para tratar de mejorar la situación diplomática de Israel en el mundo árabe. Recientemente, Peres comentó sobre la nueva ola de terrorismo islamista: “El mundo está dividido entre Estados, organizaciones terroristas y Estados que luchan contra el terrorismo. No hay puentes ni excusas. Yo creo que podemos ganar la guerra contra el terror. Los terroristas tienen armas pero no tienen ningún mensaje positivo que brindar. Por eso serán derrotados”.

El gran prestigio internacional de Peres superó durante muchos años la imagen interna de “soñador quijotesco”, como le llamaban sus críticos. En casi dos docenas de entrevistas y muchos viajes en los que lo acompañé, mi impresión siempre fue que Peres es un estadista y un pensador que se adelantó a su tiempo. A todos aquellos que le criticaban su positivismo exacerbado, Peres solía contestar: “Tanto los optimistas como los pesimistas terminan muriendo, pero los optimistas viven mucho mejor”.

Cuando su equipo de asesores se quejaba del ritmo diabólico de trabajo impuesto por Peres, que trabajaba gran parte del día mientras repetía que no hay tiempo que perder, él les decía sonriendo: “No os preocupéis, algún día no me olvidaré de morir”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.