Aumentan los problemas por los Consulados entre Estados Unidos y China

Poco antes de las seis y media de la mañana (doce y media de la noche, hora peninsular española), la bandera de las barras y estrellas era arriada ayer por última vez en el consulado de Estados Unidos en Chengdu, al suroeste de China. A las diez de la mañana (cuatro de la madrugada en España), sus últimos diplomáticos abandonaban el edificio cumpliendo el plazo dado por Pekín el viernes. En medio de una nube de curiosos que habían venido de todo el país para verlo como si fuera una fiesta, esta legación diplomática era clausurada en represalia por el cierre la semana pasada del consulado chino en Houston, acusado de espionaje por las autoridades norteamericanas. Agravando la «Nueva Guerra Fría» entre ambas superpotencias, que se ha exacerbado con la pandemia del coronavirus, se trata de un punto de inflexión en una crisis que continuará hasta las elecciones de EE.UU. en noviembre.

Antes de arriar la bandera, como mostró la televisión estatal CCTV, los diplomáticos estadounidenses habían desalojado el consulado durante el fin de semana y camiones de mudanzas se habían llevado sus enseres y documentos. Aunque Pekín también había acusado al consulado de llevar a cabo «actividades incompatibles con su actividad», no se les vio quemando documentos sensibles, como sí hicieron los diplomáticos chinos en Houston. Unas imágenes que arrojan sospechas sobre las actividades del autoritario régimen del Partido Comunista en EE.UU. y, más en concreto, en dicha ciudad de Texas, importante centro de investigación médica y científica. De hecho, una de las acusaciones de las autoridades estadounidenses es que China estaba intentando robar secretos sobre la vacuna del coronavirus.

Tras el cierre del consulado en Chengdu, Pekín «tomó posesión» del edificio, según informó el Ministerio de Exteriores chino en un comunicado de una frase. Operativo desde 1985, dicha sede cubría las provincias agrícolas y turísticas de Sichuan, Yunnan y Guizhou, la megalópolis industrial de Chongqing, donde la marca Ford tiene una fábrica de coches con el socio estatal Changan, y el Tíbet. Aunque dicha región está vetada para diplomáticos y periodistas extranjeros, el consulado sí podía manejar cierta información porque hay zonas tibetanas dentro de Sichuan y un barrio de esta etnia en Chengdu. Además, el consulado fue clave para la Inteligencia de EE.UU. en 2012, cuando en él se refugió el policía Wang Lijun, quien había huido de la cercana ciudad de Chongqing y desató un escándalo de corrupción que provocó la caída de una de las figuras más prominentes del régimen, Bo Xilai. En el consulado trabajaban unos 200 empleados, de los que 150 eran personal local.

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