Análisis: Falta de médicos pone en jaque atenciones en hospitales de Honduras

Esperar tres, cuatro, cinco y hasta seis horas por atención médica es apenas uno de los martirios a los que se enfrentan los pobladores cuando van a hospitales públicos, sin embargo, todo tiene una explicación: Honduras no cuenta con suficiente personal de salud.

En promedio hay 11 médicos y enfermeras permanentes por cada 10 mil habitantes, cifra que no cumple con los estándares internacionales mínimos (23 médicos, enfermeras y parteras por cada 10 mil habitantes) para brindar servicios esenciales de salud.

La situación es más crítica en las salas de emergencia, donde tres o cuatro galenos y enfermeras atienden hasta a 100 personas, como ocurre en el Hospital Escuela.

La población ya sabe que si quiere conseguir consulta debe madrugar; salir de casa cuando la luz del sol ni siquiera está a punto de asomarse, pagar taxi o, con suerte, encontrar un bus que circule para llegar temprano y lograr cupo.

En la sala de emergencia ocurre todo lo contrario, atienden al paciente que tiene el padecimiento más grave o, en el peor de los casos, el que se desmaya a falta de atención.

Este tipo de situaciones es el pan de cada día, pues en los 28 hospitales del país y centros de salud solo hay 2,419 médicos y enfermeras con contrato permanente para 9.5 millones de habitantes.

Urge más personal

Claudio Mendoza Rodríguez, de 62 años, llegó el pasado jueves 4 de agosto a las 5:00 de la mañana al Instituto Cardiopulmonar, mejor conocido como El Tórax, ubicado en la capital de Honduras, sin embargo, pasaban las 11:00 de la mañana y seguía esperando su turno.

“Deberían ser un poquito más puntuales porque solo Dios y uno sabe cómo hace sacrificio para venir aquí, hasta solo con el transporte viene y sin comer y sin nada”, lamentó el hondureño, quien esperaba ser atendido porque padece de asma.

En la sala de espera de ese centro asistencial estaban al menos 40 personas sentadas en plena oscuridad, pues no había luz eléctrica. Los pocos médicos en el establecimiento trataban de atender a un paciente a la vez, aún con la poca luz del sol que entraba por las ventanas y puertas.

“Yo no miro normal esto… debería haber un poco más de personal para que la gente salga más rápido”, solicitó el hombre de tez trigueña, quien tenía más de cinco horas esperando ser atendido.

Lo mismo pidió don Roberto Cáceres, quien llegó desde las 6:00 de la mañana junto a su mamá, María Contreras (de 81 años), pero pasaban las 11:00 de la mañana y aún esperaba que su progenitora recibiera atención médica.

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